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Nunca, Guty Cárdenas
Yo sé que nunca
besaré tu boca,
tu boca de púrpura encendida:
yo se que nunca,
llegaré a la loca
y apasionada fuente de tu vida.
Yo sé que inútilmente te venero
que inútilmente el corazón te evoca,
pero a pesar de todo yo te quiero,
pero a pesar de todo yo te adoro
aunque nunca besar pueda tu boca.
El Psicoanalista
Autor: John Katzenbach
Tras «La guerra de Hart», el autor John Katzenbach presenta su nuevo libro, «El Psicoanalista«, un thriller fuera de serie.
«Feliz 53 cumpleaños, doctor. Bienvenido al primer día de su muerte. Pertenezco a algún momento de su pasado. Usted arruinó mi vida. Quizá no sepa cómo, por qué, pero lo hizo. Llenó todos mis instantes de desastre y tristeza. Arruinó mi vida. Y ahora estoy decidido a arruinar la suya. Al principio pensé que debería matarlo para ajustarle las cuentas. Pero me di cuenta de que eso era demasiado sencillo. Es un objetivo patéticamente fácil, doctor. Acecharlo y matarlo no habría supuesto ningún desafío. Y, dada la facilidad de ese asesinato, no estaba seguro de que me proporcionara la satisfacción necesaria. He decidido que prefiero que se suicide». La primera parte del libro me tenía un poco decepcionado, empecé a pensar que se trataba de una novela escrita para ser convertida en guión de cine (para Hollywood, claro).
Advertencia: Lo siguiente es mi opinión y resumen del libro y tal vez sean demasiado detallados para alguien que esté pensando en leerlo. Por lo que pido leerlo bajo su propio riesgo.
Un psicoanalista recibe una amable invitación a que se suicide debido a que arruinó la vida de alguien en algún momento de su pasado y ese alguien quiere venganza. La motivación para que Rick (el psicoanalista) se suicide consiste en qué de no hacerlo el Sr. R (Rumplenstinsky) se encargará de destruir (no necesariamente matar) a uno de los familiares del Dr. Para ser más convincente, se le presenta una lista de las 52 posibles víctimas. Se le ofrece, sin embargo, una salida, si logra averiguar la identidad de su verdugo en los 15 días siguientes podrá salvar la vida.
Así que en el resto de la primera parte Rick se dedica a buscar desesperadamente la identidad del Sr. R., hasta parece en algún momento muy cerca de encontrarla pero con los consabidos “ya merito” de este tipo de historias. Se aparecen por ahí un par de personajes que ayudan al Sr. R. Virgil una hermosa mujer de ojos verdes y cuerpo sensual. ¿Por qué las malas nunca son gordas y feas? y Merlin un abogado que hace las veces de extorsionador pagado por el Sr. R. La participación de ambos personajes consiste principalmente en darle recaditos a Rick de parte de Rumplenstinsky que él contestaba a su vez con poemitas publicados en la portada de un diario de Nueva York, ciudad donde se desarrolla la mayor parte de la trama.
Rick se muestra bastante falto de recursos en prácticamente toda la primera parte, en lo personal eso me estaba cayendo bastante mal, por lo que a pesar de que la narrativa del autor me pareció excelente, estuve a punto de dejar el libro porque de verdad creí que el final iba a ser como de telenovela donde de pronto todo se resuelve en un final color rosa.
Sin embargo, había algo que me intrigaba mucho, no iba ni a la mitad del libro y al pobre Dr. le quedaban como dos días de los quince que tenía originalmente. Por el ritmo del libro no podía imaginarme como se iban a repartir esos dos días proporcionalmente al número de páginas. Triste profesión de programador como me ha deformado la mente.
Así que con esta intriga como bandera y sin más que hacer mientras tomaba el sol de Acapulco. Seguí leyendo y vaya que valió la pena.
El Dr. a lo más que llega es a averiguar, con ayuda de su antiguo mentor, un analista como de 80 años medio loco, que hace como 30 años atendió a una paciente con depresión, misma que tras no recibir la atención adecuada por parte de un Rick más preocupado por el rumbo de su carrera que por sus pacientes, decide suicidarse.
La paciente deja huérfanos a tres niños de los cuales según los cálculos de Rick uno debe ser el Sr. R. Con esta información y mucho miedo Rick huye a su casa de campo.
El final de la primera parte con el Dr. quemando su casa de campo y fingiendo su muerte me pareció genial, después de todo Rick parecía tener muchos motivos para suicidarse, Virgil, usando otra personalidad, lo demanda ante la asociación de psicoanalistas por abuso sexual, Merlin le roba su identidad electrónica y con esto su dinero a través de transacciones por Internet. Con su departamento en NY, donde tenía su consulta, destruido por una inundación provocada por los secuaces de Rumplenstinsky y con su esposa muerta hace tres años, la frustración y el enojo con la vida no parecerían raros y la decisión de terminar con tanta miseria no sería puesta en duda por mucha gente.
La segunda parte es también una segunda vida para Rick, haciendo uso de su conocimiento de la mente y del comportamiento humanos convence a un borracho que vive en la calle de entregarle sus documentos, con eso y algo de efectivo que logró salvar de una cuenta antes de que Merlin le metiera mano, el buen doctor se forja una nueva identidad.
Eso de algo de efectivo es muy gringo porque eran 10,000 lechugas. El caso es que como originalmente el Dr. se llamaba Frederick y la identidad que se consigue lleva por nombre Richard, pues sigue siendo Rick.
Qué idea tan seductora me pareció esa de volver a empezar con un nuevo nombre y toda la cosa, dónde nadie te conozca, dónde nadie te quiera o te odie, con la libertad de inventar tu pasado y en consecuencia tu futuro, creo que esa proyección fue lo que más me gusto de la lectura. Imaginarme en lugar de Rick quemándolo todo, muriendo y renaciendo solo, sin nombre, sin prestigio, sin carrera, sin deudas, sin familia, sin responsabilidades… qué idea tan seductora.
Yo en lo personal ahí me hubiera quedado, sin hacer nada, construyendo mi nuevo yo sin restricciones, sin reglas más que las que yo quisiera imponerme, pero Rick no. No, ¿qué sería del libro con alguien tan huevón como yo? Rick quiere venganza, claro que se suaviza un poco esta idea con aquello de no quiero vivir huyendo, cuidándome la espalda durante el tiempo que me quede de vida. Cómo si no nos pasáramos todos haciendo eso todo el tiempo aunque no nos persiga un psicópata.
Esta segunda parte es tipo Rocky Balboa, “ya me dieron en la madre pero van a ver”. Ricky empieza por crearse identidades adicionales una para cada fin que persigue, también entrena su cuerpo y su mente y claro (the american way of life) se compra una pistola y practica tiro, defensa personal y hasta toma un curso de orientación en el campo.
Mientras hace todo esto empieza a investigar la identidad de su verdugo y gandayas que lo acompañan. Cuando reúne suficiente información hace una visita a la casa que ocupó la paciente suicida que le trajo tantos problemas 30 años después. Una pista lleva a otra hasta presentarlo en la finca propiedad de los padres adoptivos de los 3 huérfanos, sin embargo, la finca tiene un nuevo dueño que sospecha de las preguntas de Rick y este al darse cuenta huye y comienza a dudar de su venganza, pero como es descubierto por Virgil y Merlin gracias al aviso del nuevo dueño de la finca se da cuenta de que ya no hay marcha atrás.
Con el agua hasta el cuello Rick decide actuar y enseña el cobre, como Rocky hace uso de todo lo aprendido en su entrenamiento y le saca un teléfono al delator. Con este dato de pronto todo tiene un nuevo sentido para Rick.
Así que de ahí a la identidad del Sr. Y la consecuente madriza que le pone a él y a sus secuaces ya no falta mucho pero no voy a dar más detalles sólo por la conciencia de que alguien vaya a leer esto y se enoje conmigo por contar el final.
Bloguear
Hace unos días un amigo me pidió que colaborará con él en su página web escribiendo sobre temas técnicos; yo le contesté que prefería escribir en mi blog a lo cual él comentó que ya lo había leído y que consideraba que en el mundo había suficiente mierda como para aportar más con lo que yo escribía que era por eso me pedía escribir sobre temas técnicos. En principio me sentí enojado por el comentario pero conociendo a mi amigo entendí porqué lo decía. Sin embargo sus palabras me hicieron reflexionar sobre mis motivaciones para escribir un blog así, lleno de mierda.
En primera instancia, recordé que comencé escribiendo con un afán exhibicionista, esperando comentarios inteligentes sobre mi forma de escribir, es decir, sobre mi estilo. Alguna vez escuché que un montón de defectos hacen un estilo por eso me atrevo a llamarlo así. Después empecé a escribir como en un diario, para releerlo en un futuro y entonces hacer un inventario del cambio en mis ideas. La pregunta obligada sería ¿por qué hacerlo en un lugar público? Si, cómo me respondí después de que alguien llamó mierda a lo que escribo, escribo para mi, entonces ¿por qué no hacerlo en privado?
¿Sigue siendo como al principio puro exhibicionismo?
Sigo teniendo aspiraciones de escritor, cada vez que leo un libro pienso, yo podría hacerlo mejor, al autor le falta poesía, le falta intensidad, la trama es demasiado simple… yo podría hacerlo mejor. Pero no lo hago, porque no sé cómo y porque en el fondo no estoy seguro de que podría hacerlo mejor. Por eso “escribo para mi” en un lugar público esperando un buen comentario, qué nunca llega.
La idea del diario o bitácora sería aceptable si se tratara de un sitio privado, sin embargo, no lo es, por lo que debe existir otra razón, creo que poco a poco la esperanza de los buenos comentarios a mi “estilo literario” se va acabando y se va transformando en una necesidad más elemental, se va transformando en un grito de ayuda.
Un grito velado, una necesidad de ser escuchado sin tener que hablar, sin tener que sentirme vulnerable dado que siempre puedo escaparme con un “creo que mal interpretaste lo que escribí” o un “sólo escribo para desahogarme”.
En el fondo sé que nadie puede ayudar a alguien que no sabe cómo ayudarse a si mismo, o nadie puede satisfacer la necesidad de alguien que no sabe lo que quiere. Y yo acaso estoy en ambas situaciones y debo agregar que tampoco sé pedir ni recibir ayuda, puede ser que espero demasiado de la gente y no me conformo con frases como “no te preocupes, ya pasará”, “cuenta tus bendiciones”, “tú eres muy fuerte, todo es cuestión de que quieras cambiar tu forma de pensar”, etc. Todas dichas a la pasadita, porque hay cosas más importantes en que pensar o que hacer.
Espero demasiado de la gente, nadie cumple mis requisitos, nadie cubre mi perfil, a todos los encuentro triviales, poco interesados o al contrario muy interesados pero no en lo que a mí me gustaría. Esperar tanto de la gente hace que el número de personas que se me acercan se vaya reduciendo y sé que el destino de la ruta que me voy trazando, es la soledad. Por eso creo que voy a seguir blogueando, esperando la ayuda que nunca va a llegar y que no sabré ver si algún día se aparece.
Entre Besos y Raíces
Tal vez sea que estoy desarrollando una condición bipolar (o algo por estilo) o tal vez simplemente serán las fechas que me duelen tanto, tal vez sea el darme cuenta que conforme pasa el tiempo las festividades se convierten en días de luto, de una tristeza tan abrumadora que no me deja pensar claramente.
El día del padre que se acerca, que se convierte en una fecha más de celos por lo que no tengo, el primer año sin padre, un año más para recordar a mi hijo muerto. La mercadotecnia sin piedad que nos vende en estos días todo lo necesario para homenajear al creador de nuestros días y para sentirnos orgullos de estar ahora en ese lugar.
Cuanta falta me hace mi cordura en estos días, cuanta falta me hace el cariño que no sé recibir. Sólo encuentro sosiego en una soledad que no me gusta pero que me entiende y no me juzga; empiezo como siempre, para encontrarla, a incomodar a la gente que me quiere y me acompaña, empiezo con sarcasmo a desgastar la amistad a corromper el amor y así, logró poco a poco lo que busco con la sed de un borracho perdido; mi soledad.
El amor que incondicionalmente me ofrecen las personas que me quieren no me sabe a nada pero no porque sea insípido sino porque el sentido del gusto está atrofiado por tanta amargura que ha probado. Me vuelvo inseguro y temeroso y veo en cualquier gesto, en cualquier mirada o en cualquier palabra el rechazo que justificaría lo que soy o lo que quiero ser: nada. Nada, reducirme, perderme, desaparecer, y es que lo que me mantiene aún es ese compromiso de esforzarme por dar y saber recibir amor, amor en cualquier forma fraterno o erótico pero sincero y me esfuerzo cada día con todo el cuerpo, con la mente, con el corazón… y fracaso, no tanto por la dificultad de la tarea como por la incapacidad mía, por cansancio, me digo, para no sentirme tan vacío.